Las lluvias intensas pueden ser una buena noticia para la agricultura, especialmente en un país como Chile, donde la disponibilidad de agua representa uno de los principales desafíos productivos. Sin embargo, cuando las precipitaciones son demasiado abundantes o se concentran en pocos días, el exceso de humedad del suelo puede convertirse en un problema importante para los cultivos.
Un suelo saturado de agua no necesariamente ofrece mejores condiciones para las plantas. Al contrario, puede disminuir la disponibilidad de oxígeno en las raíces, favorecer enfermedades, provocar pérdidas de nutrientes y dificultar las labores agrícolas.
Durante 2026, Chile ha registrado episodios de precipitaciones extraordinarias. Uno de ellos ocurrió el 6 y 7 de octubre, cuando un río atmosférico provocó acumulaciones de entre 30 y 150 milímetros en sectores comprendidos entre el sur de Coquimbo y Biobío, según el Centro de Ciencia del Clima y la Resiliencia (CR2).
A este escenario se suma el desarrollo de un episodio intenso del fenómeno de El Niño, que mantiene la atención sobre las condiciones climáticas de los próximos meses.
Pero hay una pregunta que va más allá de conocer cuántos milímetros de lluvia cayeron: ¿Cuánta agua permanece realmente en el suelo y cómo está afectando a las raíces de nuestros cultivos?
En SOLEN trabajamos con equipamiento científico de alta precisión para estudiar la relación suelo-planta-agua. Sabemos que medir la humedad del suelo agrícola es fundamental tanto para enfrentar periodos de escasez hídrica como para identificar situaciones de exceso de agua.
Por eso, en este artículo explicamos qué ocurre cuando un suelo recibe lluvias intensas, cuáles son los principales riesgos agrícolas y cómo utilizar sensores de humedad para tomar mejores decisiones de manejo y riego.
¿Qué es la humedad del suelo y por qué es importante para la agricultura?
La humedad del suelo es la cantidad de agua presente en los espacios porosos que existen entre sus partículas. Es una variable fundamental para el crecimiento vegetal, porque las raíces necesitan absorber agua para desarrollar sus funciones fisiológicas, transportar nutrientes y mantener la actividad de la planta.
Sin embargo, para que un cultivo crezca adecuadamente no basta con que exista agua disponible.
Las raíces también necesitan oxígeno.
El suelo está formado por partículas minerales, materia orgánica y una red de poros que pueden contener agua o aire. Cuando existe un equilibrio adecuado entre ambos, las raíces pueden absorber agua y respirar.
El problema aparece cuando la humedad alcanza niveles excesivos y el agua ocupa prácticamente todos los espacios disponibles.
En esas condiciones, el intercambio de gases disminuye y el desarrollo radicular puede verse comprometido.
La cantidad de agua que puede almacenar un suelo depende de varios factores:
- Textura: los suelos arenosos y arcillosos presentan comportamientos diferentes de infiltración y retención de agua.
- Estructura: la organización de los agregados influye en la circulación del agua y del aire.
- Materia orgánica: contribuye a mejorar la estructura y la capacidad de retención hídrica.
- Compactación: puede reducir la porosidad y dificultar tanto la infiltración como el crecimiento de las raíces.
- Profundidad efectiva: determina el volumen de suelo que las raíces pueden explorar.
- Condiciones climáticas: precipitaciones, temperatura, radiación y evaporación influyen en la evolución de la humedad.
Por lo tanto, dos terrenos agrícolas que reciben exactamente la misma lluvia pueden presentar niveles de humedad muy distintos.
Capacidad de campo, humedad disponible y punto de marchitez permanente
Para comprender el comportamiento del agua en el suelo, conviene conocer tres conceptos agronómicos.
Capacidad de campo: corresponde al contenido de agua que permanece en el suelo después de que ha drenado gran parte del agua gravitacional. Es una referencia importante para evaluar su capacidad de almacenamiento.
Agua disponible para las plantas: es la diferencia entre el contenido de agua a capacidad de campo y el correspondiente al punto de marchitez permanente. No toda el agua presente en el suelo puede ser utilizada fácilmente por las raíces.
Punto de marchitez permanente: representa una condición en la que el agua está retenida con tanta fuerza que la planta ya no puede extraerla en cantidad suficiente para recuperarse de la marchitez.
Estos valores dependen de las características del suelo y deben interpretarse según el cultivo y las condiciones de producción.
En SOLEN consideramos especialmente importante conocer estas diferencias, porque un porcentaje de humedad aislado no siempre indica si un cultivo necesita riego.
Lo verdaderamente útil es relacionar la medición con el comportamiento del suelo y las necesidades de las plantas.
Diferencias entre un suelo húmedo, saturado y anegado
Aunque suelen utilizarse como sinónimos, estas condiciones no significan exactamente lo mismo.
| Condición | Características |
Implicancias agrícolas |
| Suelo húmedo | Contiene agua y mantiene espacios ocupados por aire. | Puede presentar condiciones adecuadas para el desarrollo radicular. |
| Suelo saturado | Prácticamente todos sus poros están ocupados por agua. | Disminuye la aireación y aumenta el riesgo de estrés radicular si la condición persiste. |
| Suelo anegado | Presenta acumulación de agua, frecuentemente con encharcamiento o inundación superficial. | Puede dificultar las labores agrícolas y favorecer daños físicos y fisiológicos. |
Un terreno puede estar saturado en profundidad sin presentar grandes acumulaciones de agua visibles en la superficie.
Esta diferencia explica por qué la observación visual, aunque necesaria, no siempre es suficiente para determinar el verdadero estado hídrico del suelo.
El Niño y las lluvias intensas de 2026: ¿qué está ocurriendo en Chile?
El comportamiento de las precipitaciones en Chile está influido por distintos fenómenos atmosféricos y oceánicos. Uno de los más conocidos es El Niño, que forma parte del sistema climático denominado El Niño-Oscilación del Sur (ENOS).
Este fenómeno se caracteriza por un calentamiento anómalo de las aguas superficiales del océano Pacífico ecuatorial, capaz de modificar los patrones de circulación atmosférica.
En determinadas condiciones, puede favorecer precipitaciones superiores a lo habitual en sectores de Chile central. Sin embargo, sus efectos varían según la región, la estación y la interacción con otros factores meteorológicos.
Esto significa que la presencia de El Niño no garantiza lluvias intensas en todas las regiones de Chile, ni permite atribuir automáticamente cada temporal al fenómeno.
Cómo influye El Niño en las precipitaciones
El Niño altera el intercambio de energía entre el océano y la atmósfera. Estas modificaciones pueden influir sobre los sistemas frontales y las condiciones favorables para la precipitación.
Durante algunos episodios, Chile central ha registrado inviernos más lluviosos de lo normal. No obstante, la relación no es idéntica en todos los eventos.
En el informe emitido el 8 de octubre de 2026, el Centro de Predicción Climática de NOAA señaló que El Niño continuaba intensificándose.
El índice Niño 3.4 había alcanzado una anomalía de +2,1 °C, mientras que la probabilidad de condiciones de El Niño fuerte a muy fuerte durante enero-marzo de 2027 superaba el 83 %.
Es importante interpretar correctamente esta información: ese porcentaje corresponde a la probabilidad de una determinada intensidad del fenómeno climático, no a la probabilidad de lluvias en una localidad específica.
En consecuencia, la planificación agrícola debe combinar las perspectivas climáticas con observaciones meteorológicas locales y mediciones del suelo.
Lluvias registradas en Chile durante 2026
Uno de los episodios meteorológicos más relevantes se produjo entre el 6 y 7 de octubre de 2026.
De acuerdo con el análisis del CR2, un río atmosférico de categoría 2-3, asociado a un sistema frontal, provocó precipitaciones importantes desde el sur de la Región de Coquimbo hasta la Región del Biobío.
En la estación Quinta Normal de Santiago se registraron 72 milímetros, una acumulación excepcional para octubre.
Pero las consecuencias agrícolas de una lluvia no dependen exclusivamente del volumen total de agua caída.
También importa su intensidad, la humedad previa del terreno, la infiltración, la capacidad de drenaje y el estado de desarrollo de los cultivos.
Por ejemplo, una lluvia intensa sobre un suelo que ya se encuentra cerca de su capacidad máxima de almacenamiento puede generar saturación y escurrimiento con mayor facilidad que sobre otro inicialmente más seco.
Durante julio y agosto de 2026 también se registraron episodios de precipitaciones que afectaron a productores agrícolas.
INIA Quilamapu advirtió en septiembre sobre posibles pérdidas productivas en plantaciones de avellano europeo, relacionadas tanto con condiciones prolongadas de saturación como con lluvias durante la polinización.
Estos antecedentes muestran por qué resulta necesario prestar atención no solo a las precipitaciones, sino también a sus efectos posteriores sobre el suelo y los cultivos.
Qué considerar ante los pronósticos para 2027
Las perspectivas disponibles en octubre de 2026 apuntan a la posible persistencia de un episodio intenso de El Niño durante el verano austral.
Sin embargo, no sería correcto concluir que lloverá de manera permanente durante todo ese periodo.
Para la agricultura, lo recomendable es mantener un seguimiento continuo de las condiciones meteorológicas y del agua almacenada en el perfil del suelo.
Durante primavera y verano, la temperatura, la radiación solar y la demanda hídrica de los cultivos pueden modificar rápidamente la velocidad de secado del terreno.
Un suelo que permanece húmedo durante varios días después de una lluvia puede experimentar posteriormente una disminución importante de su contenido de agua.
Por eso, en lugar de tomar decisiones basadas únicamente en el pronóstico estacional, conviene contar con mediciones actualizadas de cada predio.
¿Cómo afectan las lluvias intensas y el exceso de humedad al suelo agrícola?
Las precipitaciones permiten recuperar reservas hídricas y mantener la actividad agrícola. Sin embargo, cuando la entrada de agua supera la capacidad de infiltración, almacenamiento o drenaje del suelo, pueden producirse diferentes problemas.
Entre los principales efectos se encuentran la reducción de oxígeno disponible para las raíces, el deterioro de la estructura, la pérdida de nutrientes y las dificultades para realizar labores agrícolas.
La gravedad de estas consecuencias depende de la duración de la saturación y de las características del terreno.
Saturación del suelo y asfixia radicular
En condiciones normales, una parte de los poros del suelo contiene aire que permite el intercambio de oxígeno y dióxido de carbono.
Cuando el agua ocupa prácticamente todos esos espacios, la disponibilidad de oxígeno disminuye.
Las raíces necesitan oxígeno para obtener la energía que utilizan en procesos esenciales, incluido el transporte activo de nutrientes.
Si la saturación persiste, pueden experimentar condiciones de hipoxia o, en casos más extremos, anoxia.
Este problema se conoce habitualmente como asfixia radicular.
Entre sus posibles consecuencias se encuentran:
- Disminución de la actividad de las raíces.
- Menor capacidad de absorción de agua y nutrientes.
- Alteraciones del crecimiento.
- Amarillamiento o pérdida de vigor.
- Mayor vulnerabilidad frente a determinadas enfermedades radiculares.
Un aspecto que puede resultar confuso es que una planta afectada por exceso de humedad puede presentar síntomas similares a los de falta de agua.
Esto ocurre porque el daño en las raíces puede dificultar la absorción hídrica, incluso cuando el suelo contiene abundante agua.
Enfermedades radiculares y daños en los cultivos
Los suelos con drenaje deficiente pueden favorecer condiciones apropiadas para determinados organismos causantes de enfermedades.
Entre ellos se encuentran algunos patógenos asociados a pudriciones radiculares, como especies de Phytophthora y Pythium, cuya importancia varía según el cultivo y las condiciones ambientales.
La presencia de humedad excesiva no significa que necesariamente exista una enfermedad. Para que esta se desarrolle deben coincidir otros factores, incluida la presencia del patógeno y la susceptibilidad de la planta.
Sin embargo, el estrés causado por una aireación deficiente puede aumentar la vulnerabilidad de los cultivos.
Por eso resulta importante identificar oportunamente sectores donde la humedad permanece elevada durante periodos prolongados.
Los sensores permiten observar ese comportamiento, aunque el diagnóstico de una enfermedad requiere una evaluación fitosanitaria específica.
Pérdida de nutrientes, erosión y compactación
Las lluvias intensas también pueden afectar las propiedades químicas y físicas del terreno.
Uno de los procesos más conocidos es la lixiviación, que consiste en el desplazamiento de sustancias solubles hacia capas más profundas mediante el movimiento del agua.
Este fenómeno puede provocar pérdidas de algunos nutrientes, especialmente de aquellos con mayor movilidad.
También pueden producirse procesos de erosión superficial cuando la intensidad de las precipitaciones supera la capacidad de infiltración y se genera escurrimiento.
En terrenos con pendiente, escasa cobertura vegetal o estructura deteriorada, el riesgo puede ser mayor.
Otro problema aparece cuando se utilizan tractores o maquinaria pesada sobre suelos demasiado húmedos.
En estas condiciones, la resistencia del terreno a la deformación puede disminuir, facilitando la compactación y la formación de huellas.
La compactación reduce la calidad del espacio poroso, dificulta el crecimiento radicular y puede perjudicar la infiltración posterior.
Por eso recomendamos evitar el tránsito innecesario de maquinaria mientras el terreno no presente condiciones adecuadas de soporte.
¿Qué cultivos pueden verse más afectados por el exceso de agua?
No todos los cultivos responden de la misma manera al exceso de humedad.
La sensibilidad depende de la especie, la variedad, el portainjerto, la edad de la planta, la profundidad de las raíces y la etapa fenológica.
También influyen las características del suelo y el tiempo durante el cual permanece saturado.
Entre los sistemas productivos que requieren especial atención se encuentran los frutales, los berries, las hortalizas y las praderas.
Consecuencias en frutales, avellanos, berries y hortalizas
En frutales, el exceso de agua puede reducir la oxigenación radicular y dificultar la absorción de nutrientes.
Los huertos establecidos en terrenos con drenaje lento pueden presentar mayores dificultades para recuperar condiciones adecuadas después de precipitaciones abundantes.
Un caso documentado durante 2026 corresponde al avellano europeo.
En septiembre, INIA Quilamapu informó que las lluvias registradas durante julio y agosto habían provocado periodos prolongados de saturación en plantaciones del centro y sur del país.
Además del riesgo de enfermedades radiculares, las precipitaciones coincidieron con etapas importantes de polinización.
Especialistas del instituto señalaron que esta combinación de factores podría provocar disminuciones cercanas al 30 % en la producción de la siguiente temporada.
Esta cifra corresponde a una proyección asociada al cultivo y las condiciones estudiadas; no representa una pérdida confirmada para toda la agricultura chilena.
En berries, las condiciones de humedad persistente también pueden complicar el manejo sanitario, aunque los riesgos específicos dependen de la especie y del sistema de cultivo.
Las hortalizas, especialmente durante etapas tempranas, pueden experimentar dificultades de establecimiento y desarrollo cuando existe anegamiento.
En praderas, la saturación prolongada puede afectar el crecimiento de determinadas especies y limitar la entrada de animales o maquinaria.
Por qué influyen el tipo de suelo y la duración del anegamiento
Imaginemos dos sectores agrícolas que reciben 70 milímetros de lluvia.
El primero tiene un suelo profundo, bien estructurado y con buen drenaje. El segundo presenta una textura fina, compactación y una zona donde el agua se acumula.
Aunque ambos recibieron la misma precipitación, es probable que su comportamiento hídrico posterior sea diferente.
En el primero, parte del agua puede infiltrarse y redistribuirse con relativa facilidad.
En el segundo, la humedad elevada podría mantenerse durante más tiempo, reduciendo la aireación y dificultando el acceso a las labores.
La situación tampoco será idéntica para un cultivo de raíces superficiales y otro con un sistema radicular más profundo.
Por eso, en SOLEN consideramos que la medición debe realizarse en sectores representativos y, cuando corresponde, a distintas profundidades.
El objetivo no es obtener un único porcentaje de humedad para todo el campo, sino comprender cómo se distribuye el agua dentro del suelo.
¿Cómo saber si un suelo agrícola tiene demasiada humedad?
Después de una lluvia intensa, es habitual preguntarse cuánto tiempo debe pasar antes de volver a regar o realizar labores agrícolas.
La respuesta no depende exclusivamente del número de días transcurridos.
Lo importante es evaluar si el agua acumulada ha drenado, cómo evoluciona la humedad en profundidad y cuáles son las necesidades actuales del cultivo.
Para comenzar, podemos combinar observaciones de terreno con mediciones instrumentales.
Señales de exceso de humedad que podemos observar en terreno
Algunos indicios que justifican revisar el estado del suelo son:
- Encharcamientos persistentes después de las precipitaciones.
- Sectores que tardan considerablemente más en secarse.
- Presencia de agua en calicatas o excavaciones de observación.
- Suelo excesivamente plástico o adherente al trabajarlo.
- Dificultades de tránsito y formación de huellas profundas.
- Amarillamiento o reducción del vigor de las plantas, especialmente cuando coincide con problemas de drenaje.
Estas señales no permiten determinar por sí solas el nivel exacto de humedad ni establecer un diagnóstico agronómico definitivo.
Una revisión sencilla consiste en observar una muestra de suelo extraída de la zona radicular.
En agosto de 2026, INIA Intihuasi recomendó comprobar la humedad antes de reanudar el riego en huertos afectados por precipitaciones, incluyendo una evaluación manual de muestras obtenidas aproximadamente entre 20 y 30 centímetros de profundidad.
Este procedimiento puede aportar una primera orientación, pero la interpretación depende de la textura y otras características del suelo.
Para obtener información cuantitativa y comparable a lo largo del tiempo, conviene complementarlo con instrumentos de medición.
Por qué es importante medir a distintas profundidades
El agua no permanece distribuida de manera uniforme en todo el perfil.
Después de una precipitación, las capas superficiales suelen responder primero, mientras que la infiltración hacia niveles profundos depende de las propiedades del suelo.
Por ejemplo, podríamos observar que los primeros 20 centímetros comienzan a secarse mientras que a 40 o 60 centímetros todavía permanece una humedad elevada.
También podría ocurrir lo contrario en un suelo con restricciones a la infiltración, donde la lluvia humedece principalmente las capas superiores.
Este comportamiento resulta fundamental para la programación del riego.
Si utilizamos únicamente una medición superficial, podemos interpretar incorrectamente el estado hídrico disponible para las raíces.
Conocer la evolución de la humedad a diferentes profundidades permite evaluar:
- Hasta dónde llegó el agua después de una lluvia.
- Qué sectores mantienen humedad elevada.
- Cómo progresa el drenaje.
- En qué parte del perfil se está produciendo una disminución de humedad.
- Cuándo conviene volver a evaluar la necesidad de riego.
Cómo interpretar la humedad según el tipo de suelo y cultivo
Una duda frecuente es qué porcentaje de humedad debería tener un suelo agrícola.
No existe un porcentaje único válido para todos los terrenos.
Un contenido volumétrico de agua determinado puede representar condiciones muy diferentes en un suelo arenoso y en uno arcilloso.
Por eso, los valores deben interpretarse considerando la curva de retención hídrica, las propiedades físicas del suelo, el desarrollo de las raíces y las necesidades del cultivo.
Además, es importante recordar que la humedad indica cuánto agua hay presente, pero no describe completamente la facilidad con que las raíces pueden extraerla.
Para una evaluación más completa pueden emplearse otras variables, como el potencial matricial y el estado hídrico de la planta.
En definitiva, una medición precisa adquiere verdadero valor cuando se interpreta dentro de un contexto agronómico.
¿Cómo medir la humedad del suelo con sensores agrícolas?
Actualmente existen distintas tecnologías para medir el contenido de agua del suelo.
La elección depende del objetivo de la medición, la precisión requerida, la profundidad de interés, el tipo de terreno y la necesidad de disponer de registros continuos.
En agricultura de precisión, los sensores permiten reemplazar parte de la estimación visual por información cuantitativa que puede compararse entre sectores y fechas.
Métodos de medición de la humedad del suelo
Uno de los procedimientos de referencia es el método gravimétrico, que consiste en obtener una muestra, determinar su masa húmeda, secarla bajo condiciones controladas y volver a pesarla.
La diferencia permite calcular el contenido de agua respecto de la masa seca del suelo.
Este método es útil para caracterización y validación, aunque requiere extracción de muestras y no proporciona seguimiento automático.
Por otro lado, existen sensores electrónicos que estiman el contenido de agua a partir de propiedades físicas relacionadas con la respuesta dieléctrica del suelo.
Entre estas tecnologías se encuentran distintas sondas capacitivas y sistemas basados en mediciones electromagnéticas.
Los sensores pueden instalarse en posiciones representativas para obtener lecturas periódicas o continuas.
También existen instrumentos que miden el potencial matricial, como los tensiómetros, útiles para conocer el estado energético del agua y complementar la interpretación del contenido hídrico.
Cada tecnología tiene aplicaciones, rangos de operación y necesidades de mantenimiento diferentes.
Qué miden los sensores de humedad, temperatura y conductividad eléctrica
Los equipos de monitoreo pueden registrar una o varias variables.
Contenido volumétrico de agua
Expresa el volumen de agua en relación con el volumen total de suelo y suele presentarse como porcentaje o en unidades de m³/m³.
Temperatura del suelo
Aporta información sobre las condiciones térmicas del entorno radicular, que influyen sobre los procesos biológicos y el comportamiento de las plantas.
Conductividad eléctrica (CE)
Es una variable relacionada con la presencia de iones disueltos y las condiciones de la solución del suelo.
Su interpretación depende del tipo de medición, el contenido de humedad, la temperatura y las propiedades del terreno.
Es importante aclarar que una lectura de conductividad eléctrica no equivale directamente a una medición de concentración de nutrientes individuales.
En SOLEN contamos con sensores que combinan estas variables para facilitar una evaluación más completa de las condiciones del suelo.
Monitoreo continuo y registro de datos después de las lluvias
Una medición puntual permite conocer el estado del suelo en un momento determinado.
Sin embargo, cuando queremos entender qué ocurre después de precipitaciones intensas, resulta especialmente útil disponer de una serie temporal.
Imaginemos un sensor que registra la humedad antes, durante y después de un temporal.
La información permitiría observar cuánto aumenta el contenido de agua, cuándo comienza a disminuir y cómo evoluciona durante los días posteriores.
Si contamos con sensores instalados a distintas profundidades, podemos comparar la respuesta de las diferentes capas del terreno.
Estas observaciones ayudan a identificar patrones de infiltración y redistribución del agua que serían difíciles de reconocer mediante inspecciones aisladas.
Conviene recordar que los sensores no evitan automáticamente la saturación ni reemplazan una evaluación agronómica.
Su función consiste en proporcionar información que permita tomar decisiones mejor fundamentadas.
Cómo utilizar las mediciones para prevenir daños y optimizar el riego
Medir la humedad del suelo es solo el primer paso.
Para aprovechar realmente esa información, debemos transformarla en decisiones de manejo.
En un predio agrícola, esto implica conocer los niveles habituales de humedad, identificar sectores críticos, considerar las necesidades del cultivo y evaluar los cambios provocados por las precipitaciones.
Una estrategia de monitoreo también debe incorporar las condiciones meteorológicas y el funcionamiento del sistema de drenaje.
Qué hacer antes, durante y después de lluvias intensas
Antes de las precipitaciones
Conviene revisar los sectores donde habitualmente se acumula agua, verificar la limpieza de canales y drenajes y registrar las condiciones iniciales del suelo.
Si existen sensores instalados, sus lecturas permiten establecer una referencia previa al evento.
Durante las lluvias
El seguimiento meteorológico y los sistemas automáticos pueden registrar la evolución de las precipitaciones y de las variables del suelo, sin necesidad de ingresar a zonas inseguras.
Cuando el riego está programado, debe evaluarse su suspensión o ajuste según las condiciones del cultivo y el pronóstico.
Después de las precipitaciones
Es recomendable revisar los puntos de acumulación de agua, evaluar el estado de los drenajes y comparar las mediciones de humedad con los valores anteriores al evento.
También resulta importante verificar posibles daños en infraestructura de riego, canales, filtros y caminos.
Las decisiones sobre labores agrícolas deben considerar la capacidad del terreno para soportar tránsito sin producir compactación.
Cuándo conviene reanudar el riego
Después de varios días de lluvia, una de las decisiones más importantes es determinar cuándo volver a regar.
No siempre es correcto reanudar el programa habitual apenas termina el temporal.
En agosto de 2026, INIA Intihuasi recomendó a los productores afectados por precipitaciones intensas comprobar directamente la humedad del suelo antes de volver a regar.
La necesidad de aplicar agua depende de cuánto permanece almacenado en el perfil radicular y de la demanda del cultivo.
Para decidir, conviene considerar:
- La humedad actual en la zona de raíces.
- La evolución de las lecturas después de las precipitaciones.
- El tipo de suelo y su capacidad de almacenamiento.
- Las necesidades hídricas del cultivo según su etapa de desarrollo.
- Las condiciones meteorológicas previstas para los próximos días.
La ventaja de disponer de sensores es que podemos seguir esa evolución con datos y evitar decisiones basadas únicamente en el tiempo transcurrido desde la última lluvia.
Cómo identificar problemas de drenaje y sectores críticos
No todos los sectores de un predio responden igual a las precipitaciones.
Las zonas bajas, los terrenos compactados y los sectores con restricciones de drenaje pueden mantener humedad elevada durante más tiempo.
Por eso conviene comparar diferentes puntos de medición.
Por ejemplo, si dos sectores tienen características y cultivos similares, pero uno tarda considerablemente más en reducir su contenido de agua, esa diferencia puede justificar una revisión de drenaje, compactación o profundidad efectiva.
Lo importante es analizar tendencias y no interpretar una lectura aislada como prueba definitiva de un problema.
Ejemplo ilustrativo de seguimiento después de una lluvia
| Momento | Sensor a 20 cm | Sensor a 40 cm | Interpretación posible |
| Antes de la lluvia | 24 % | 28 % | Referencia inicial |
| Después de la lluvia | 39 % | 34 % | Incremento del agua almacenada |
| Dos días después | 34 % | 35 % | Redistribución y diferente respuesta por profundidad |
| Cuatro días después | 28 % | 32 % | Descenso gradual del contenido de agua |
Valores hipotéticos utilizados exclusivamente para explicar cómo interpretar una serie temporal. No corresponden a mediciones de SOLEN ni representan umbrales universales de riego o saturación.
Este ejemplo muestra por qué resulta más útil observar la evolución del suelo que fijarse únicamente en un porcentaje.
En SOLEN promovemos precisamente el uso de mediciones que permitan comprender la relación entre agua, suelo y planta para una gestión hídrica más eficiente.
Tecnología SOLEN para el monitoreo de humedad del suelo
En SOLEN nos especializamos en la distribución de equipamiento científico de alta precisión para productores agrícolas, universidades y centros de investigación.
Nuestro trabajo está orientado a facilitar el estudio de la relación suelo-planta-agua y apoyar la toma de decisiones en sistemas productivos que enfrentan condiciones climáticas cada vez más variables.
Para medir y monitorear la humedad del suelo disponemos de diferentes tecnologías de Delta-T Devices, además de soluciones para el registro de información.
La selección del equipo adecuado dependerá de las variables que se necesitan medir, la profundidad del cultivo y el tipo de monitoreo requerido.
Sensores WET150, SM150T y ThetaProbe ML3
El sensor WET150 permite medir simultáneamente el contenido de agua, la temperatura y la conductividad eléctrica del suelo.
Es una alternativa especialmente interesante cuando se necesita observar varias condiciones del entorno radicular utilizando un mismo instrumento.
Puede emplearse en aplicaciones agrícolas y de investigación, tanto en suelo como en determinados sustratos de cultivo, considerando las calibraciones correspondientes.
El sensor SM150T está diseñado para medir humedad y temperatura del suelo, con características que permiten su instalación prolongada en terreno.
Este tipo de equipo puede utilizarse para mantener un seguimiento de la evolución hídrica en sectores representativos de un predio.
Por su parte, ThetaProbe ML3 permite realizar mediciones de humedad mediante una sonda que puede conectarse a unidades de lectura o registradores compatibles.
Su aplicación resulta útil cuando se necesitan mediciones puntuales, comparaciones entre sectores o estudios de variabilidad del contenido de agua.
Estas tecnologías ofrecen alternativas para distintos objetivos de seguimiento.
Sonda PR2 para mediciones a distintas profundidades
Cuando el objetivo es conocer cómo se distribuye el agua en el perfil del suelo, resulta especialmente interesante utilizar una sonda de profundidad.
La PR2 de Delta-T Devices permite realizar mediciones a diferentes niveles mediante un tubo de acceso instalado en el terreno.
Dependiendo de la configuración, las lecturas pueden obtenerse con una unidad portátil compatible o integrarse con sistemas de registro.
Esta característica permite observar la evolución de la humedad en distintas capas del suelo.
Después de una lluvia intensa, las mediciones por profundidad ayudan a evaluar el avance del frente de humedecimiento y la posterior redistribución del agua.
También son útiles para estudiar el comportamiento hídrico de la zona radicular y complementar las decisiones de riego.
Registro de datos y monitoreo agrícola con SOLEN
Disponer de sensores de humedad es importante, pero también resulta valioso registrar las mediciones a lo largo del tiempo.
Para ello pueden utilizarse registradores compatibles, como los sistemas de adquisición de datos disponibles dentro de las soluciones de SOLEN.
La integración con estaciones meteorológicas permite complementar la información del suelo con variables climáticas.
Por ejemplo, un registro de precipitaciones puede compararse con el aumento de humedad detectado por los sensores y con su evolución durante los días posteriores.
De esta manera, agricultores, asesores e investigadores pueden desarrollar un seguimiento más completo del comportamiento hídrico de sus sistemas productivos.
| Equipo | Variables principales | Aplicación recomendada |
| WET150 | Humedad, temperatura y CE | Evaluación multiparamétrica del suelo o sustrato |
| SM150T | Humedad y temperatura | Seguimiento en instalaciones de terreno |
| ThetaProbe ML3 | Humedad | Mediciones puntuales y monitoreo compatible con registradores |
| PR2 | Humedad a distintas profundidades | Estudio del perfil hídrico |
| Registradores compatibles | Almacenamiento de lecturas | Seguimiento de tendencias en el tiempo |
En SOLEN también contamos con equipamiento meteorológico y soluciones complementarias para analizar la relación entre las condiciones ambientales y la respuesta de los cultivos.
Conoce nuestros sensores de humedad del suelo y estaciones meteorológicas.
Nuestro equipo puede orientarte en la selección de instrumentos según las necesidades de tu cultivo, predio o proyecto de investigación.
Conclusión: medir la humedad del suelo permite tomar mejores decisiones
Las lluvias intensas representan un desafío importante para la agricultura chilena. Aunque permiten recuperar reservas de agua, también pueden provocar saturación, dificultades de drenaje, problemas radiculares y complicaciones en el manejo de los cultivos.
Los acontecimientos meteorológicos de 2026 demuestran la importancia de comprender qué ocurre en el suelo después de cada episodio de precipitaciones.
La clave no está únicamente en conocer cuánta lluvia cayó, sino en determinar cuánto agua permanece disponible, cómo se distribuye en el perfil y cuándo las condiciones permiten retomar las labores y el riego.
En SOLEN creemos que una agricultura más eficiente comienza con mejores mediciones.
Por eso, ponemos a disposición de productores, universidades y centros de investigación equipamiento especializado para estudiar la humedad del suelo, la temperatura, la conductividad eléctrica y otras variables relacionadas con la productividad agrícola.
Preguntas frecuentes sobre humedad del suelo agrícola
¿Cuánto tarda un suelo en secarse después de lluvias intensas?
No existe un tiempo único. El secado depende de la textura y estructura del suelo, la cantidad de agua acumulada, la capacidad de drenaje, la profundidad y las condiciones meteorológicas posteriores.
Un terreno arenoso con buen drenaje puede disminuir su humedad con mayor rapidez que un suelo de textura fina con restricciones al movimiento del agua.
Por eso es recomendable verificar directamente las condiciones del terreno y, cuando sea posible, utilizar sensores para observar la evolución de la humedad.
¿Qué porcentaje de humedad es adecuado para un cultivo?
El porcentaje adecuado depende del tipo de suelo, la especie vegetal y la etapa de desarrollo.
No resulta correcto aplicar un único valor a todos los cultivos.
Para interpretar la medición conviene conocer referencias como la capacidad de campo, el punto de marchitez permanente y las necesidades hídricas de la planta.
¿Cómo elegir un sensor de humedad del suelo?
La elección debe considerar el objetivo de medición, las características del suelo, la profundidad, las variables requeridas y la necesidad de registrar información de manera continua.
Si se necesita medir humedad, temperatura y conductividad eléctrica, puede ser conveniente utilizar un sensor multiparamétrico.
Si el interés principal es conocer el comportamiento del agua a distintas profundidades, una sonda de perfil puede ofrecer información adicional.
También deben revisarse las condiciones de instalación, calibración, compatibilidad y mantenimiento.
¿El Niño significa que lloverá más en todo Chile?
No. El fenómeno de El Niño puede modificar las probabilidades de precipitación y temperatura, pero sus efectos no son iguales en todas las regiones ni durante todas las estaciones del año.
Además, un pronóstico estacional no permite determinar con certeza la ocurrencia de lluvias intensas en fechas y lugares específicos.
¿Se puede regar inmediatamente después de una lluvia intensa?
No siempre conviene hacerlo.
Antes de retomar el riego es necesario evaluar el contenido de agua que permanece en la zona radicular, las necesidades del cultivo y las condiciones de drenaje.
Regar un suelo que todavía contiene suficiente humedad podría prolongar condiciones desfavorables para las raíces.
¿Un sensor de humedad puede prevenir el anegamiento?
Un sensor no evita físicamente el anegamiento ni reemplaza las obras de drenaje.
Su utilidad consiste en detectar cambios en las condiciones del suelo y aportar información para adoptar medidas de manejo.
Combinado con registros meteorológicos, observaciones de terreno y evaluación agronómica, puede ayudar a identificar situaciones que requieren atención.